La huida del mundo real
Blog de poesía y política
11.14.2008
El profe que dirije
Es importante cuando dos artistas se encuentran, ya qu elo que usualmente ocurre entre artistas es el desencuentro, que también es sano, y por supuesto, dialéctico. No obstante, el encuentro sólo se produce en aquel lugar de lo concreto que luego, en un ejercicio de amor o razón lo llamamos poética, pero que sin lugar a dudas es la destreza técnica, haya llegado ésta a las manos del artista por vía de la educación o por la experiencia directa.
Con Walter me pasa lo que me pasa con muy pocos artistas de este país, con Camilo Luzuriaga o con Lissette (guardando las distancias que nos separan y que tienen que ver más con el lenguaje que con la ética), me pasan cosas parecidas. No creo que sea gratuito el hecho de estar dando clase en el instituto que con inteligencia y sensibilidad han creado, sino que además responde a una comodidad funcional a la hora de hacer profesionales honestos en el ramo audiovisual.
Aquí dejo dos entradas más del diario de trabajo. La cuesta sigue empinándose, el material se resiste, pero los esfuerzos son inmensos y el talento promete.
- La lectura de la obra, del material textual, la presencia de las palabras que inventó el autor son absoluta responsabilidad de los actores. Ellos y ellas asumen o postergan el compromiso con el autor.
- No lo hagas para mí: descubre. En realidad no lo hagas para nadie, si solo está en ti la necesidad de mostrar la parte externa de las cosas; esto no quiere decir que no trabajes con tu compañero, para tu compañero (como contraparte en el escenario, no como espectador de tus virtudes), y que las cosas que ocurran, aparezcan de entre la verdad escénica.
- Para qué haces cada cosa. La pregunta constante que no tiene respuesta, y que dura lo que logramos llamar construcción del personaje. ¿Cuándo termina este trabajo para el actor? ¿El día del estreno? ¿Alguna de las representaciones de la temporada? ¿Cuando la temporada finalice?
- El tema es en realidad, cómo salir del prejuicio sobre mi herramienta más importante para trabajar, mi cuerpo; cómo poner en funcionamiento mi cuerpo; cómo hacer de él una construcción plástica que comprenda acciones, gestos, palabras, gemidos, miradas que yo no imagine que puedan pertenecerme, pero que a la vez me pertenezcan por completo porque yo las he transitado, descubierto y elegido a lo largo del proceso de ensayos. ¿Cómo conocer? ¿Cómo conocerme?
- Igual que, como luego, cuando trabaje con el objetivo del personaje, es decir con las preguntas “¿Qué quiero y qué se me opone?”, en el calentamiento, necesito saber qué quiero hacer con el cuerpo y qué posibilidades reales mi cuerpo me brinda para hacerlo. Un paralelo metafórico entre el trabajo poético y el trabajo técnico, o mejor todavía, un viaje hacia la poética que sólo la técnica me posibilita y eso puede ser arte.
- Descubrir los vínculos, conocer los vínculos, crearlos. Mira o no mires, con intención, no con descuido.
11.04.2008
Sobre técnica teatral
(Diario de trabajo)
4 de noviembre de 2008
- ¿Cuál es la idea cliché que tengo de mi personaje? En definitiva, ¿cuál es la idea que tengo de mi personaje, cómo creo que es? Si no transito por la idea cliché, por el constructo idealista que se llama personaje, entonces negaré mi insensatez y ella me cobrará factura en las representaciones, porque mi producto teatral, como personaje, como actor estará sustentado en una negación de mi conciencia; una auto-discriminación políticamente correcta, a favor de la supuesta inteligencia y razón que poseen los actores y directores. Si no tengo un espacio previo a la improvisación, donde, individualmente, descubra el proceso de construir el personaje, donde conozca las herramientas con las que cuento para el material al que me enfrento, donde encuentre mundos creativos que tienen que ver experimentar, ensayar, y habitar mi verdad, no podré nunca crear un producto artístico verdadero.De ahí la importancia del trabajo previo.
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La Gaviota
(Diario de trabajo)
31 de octubre de 2008
- ¿Cómo enfrentar un espacio pedagógico que se interseque con una experiencia de trabajo, sin confundir objetivos didácticos, de aprendizaje, experiencia de ensayo y error con objetivos de confección de un material escénico? ¿Cómo hacerlo sin enfrentar a los alumnos-actores a arriesgar sobre su sentido de la verdad, cuando apenas se está construyendo en el viaje de adquirir conciencia sobre su cuerpo y acción? Está claro que un proceso de trabajo, en cuanto a proceso es una experiencia de aprendizaje, a no ser que, deshonestamente, asistamos a los ensayos para salvar exclusivamente reputaciones personales fabricadas en la vida profesional o estudiantil; sin embargo, es muy difícil afirmar que un espacio pedagógico, donde se están aprendiendo a manejar y nombrar herramientas técnicas actorales, no corra el riesgo de superficializarse en pos de un resultado objetivo, si podemos llamar así a las representaciones de la obra.
Determinar la representación del estreno como la meta de llegada de los ensayos puede llevarnos a funcionalizar la experiencia y a representar –¡efectivamente!- la obra, pero a pasar por encima del descubrimiento, conocimiento, aprendizaje no solo de las herramientas técnicas, sino lo que es peor, del propio material textual, del mundo del autor, de su metafísica.
Conocer, siempre; negar y olvidar, nunca.
- Tréplev, una búsqueda infructuosa y desesperada, tal vez una pista que el mood del actor se esté dando a sí mismo en relación con el personaje.
- El personaje puede ser, puede estar ahí… en el rincón más inocente de tu experiencia del ensayo. En un juego, un tono de voz, una energía, una mirada.
- Jacobo: "las relaciones no estaban todavía establecidas. Siento que había acciones que podían involucrar a los demás. Las acciones no eran lo suficientemente fuertes para transformarles a ellos. La intención era una acción, tal vez."
10.28.2008
Chéjov
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid,es decir, aprovechando una obviedad, posteo un par de objetos relacionados.
Uno es un artículo que se publica en esta última edición de la revista de crítica en artes escénicas El Apuntador, trata sobre una adaptación para el lenguaje audiovisual realizada por Jean Baptiste Mathieu de la puesta en escena de Julie Bronchen, ONCLE VANIA, que a su vez es una apuesta bastante naturalista del Tio Vania de Chéjov. Otra es una insersión del diario de trabajo de mis clases de construcción de personaje, que dicto en el INCINE; ya que, este año hemos emprendido en la puesta en escena de La Gaviota.
Que dios reparta suerte...
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Oncle Vania
Un filme de Jean-Baptiste Mathieu sobre una puesta en escena de Julie Bronchen
Tío Vania, así como las más importantes obras que le acompañan en la tardía constelación chejoviana (La Gaviota, Las Tres Hermanas, El Jardín de los Cerezos), abreva de la más rica tradición literaria rusa: Turgénev. Es por esto que aún cuando los paisajes emotivos de esta obra son altamente apasionantes, pasionales, el entramado narrativo de la historia así como el lenguaje en el que se expresan los personajes, se enfrentan en uno de los mayores puntos de inflexión de la literatura, y en este caso específico, de la literatura dramática universal: el realismo como reacción al taciturno romanticismo decimonónico.
Por eso es difícil Chéjov, porque usa elementos altamente románticos para despegar en la nueva forma de expresión que supuso la mirada realista de comienzos del s. XX. Una paradoja semiótica, la phronesis del paso de las aristocracias a las burguesías; y así mismo, como sus contemporáneos Ibsen y Strindberg, se zambulle en la filosofía existencialista de Shopenhauer, en su caso, o Søren Kierkegaard, en el caso de los escandinavos, para desatar violentamente diálogos y situaciones que en palabras del propio Strindberg “rompen con la tradición de presentar a los personajes como catequistas que con preguntas estúpidas provocan la réplica brillante” y así se entierra el discurso romántico a favor de un naturalismo/realismo emergente en la literatura.
Emma Bobary, Ana Kariétnaya, Nora Helmer, arquetipos anticipatorios de esta maravillosa Yelena Andreyevna que interpreta Jeanne Balibar en un correcto ejercicio de comprensión y esfuerzo, que da a Uncle Vania, un trepidante ritmo sordo a esta apuesta de la jovencísima directora.
El realizador de Oncle Vania, Jean-Baptiste Mathieu, da muestras de un perspicaz e ingenioso modelo para rodar teatro. Al igual que Louis Malle que en 1994 nos deslumbró con su espectacular Vania on 42nd Street, la apuesta de Mathieu, se realiza enseñándonos un teatro, extrayendo las escenas del escenario hacia otros lugares del edificio, aunque no llega a romper del todo la convención de la propuesta de hace diez años, donde los personajes se deshacen en actores que deambulan por el teatro y reaparecen nuevamente como personajes, logrando un complejo diálogo entre lenguaje teatral y cinematográfico. La versión más contemporánea, rinde culto a un realismo más austero y teatral, aunque los tiempos no son los de los actores sino los del realizador. El enfrentamiento entre el realizador del audiovisual y la directora de la obra es bastante patente y aunque tiene un buen pulso, hay cierta frialdad en el punto de vista. No obstante, hay que aclarar que esta película es una solución audiovisual de la puesta en escena, no del texto dramático de Chéjov, y esta característica demuestra una agudeza in extremis del realizador, que con escasísimos elementos de lenguaje audiovisual, arregla aquellos elementos dramáticos que tiene que ver con los actores de la puesta en escena, desmontando espacios y tiempos teatrales; sin embargo, no deja de pecar de lo que tradicionalmente vemos cuando veos una grabación de una obra de teatro y no una puesta en escena para lenguaje audiovisual: actores aparentemente vacíos, tiempos alongados, etc.
Los actores son intensos, pero carecen de mundo interior. Basta comparar a la Yelena que interpreta Julianne Moore para Louis Malle con ésta, para descubrir aquello que Chéjov le pudo contar a Malle y los contemporáneos desprecian: el intraconflicto. Esto hace que en una segunda mirada del filme, la intensidad dramática de la historia, esté teñida de cierta superficialidad. Eso, o la decisión voluntaria de la directora de escena, o del realizador, de superiorizar aquella anécdota narrativa, que Chéjov cuenta en esta obra, sobre el aburrimiento burgués que poblaba a esta clase social rusa, clave necesarísima para entender las razones políticas y estéticas que Chéjov demandaba y que afortunadamente Stanislawsky utilizó como material para su trabajo como director del Teatro del Arte de Moscú, pero que sin embargo, son parte del subtexto de la trama, o lo evidente de la narrativa. Todo el trasfondo intraconflictivo de estos personajes burgueses que están abrumados por el aburrimiento pero que sin embargo aman y sufren, tiene que materializarse necesariamente en aspectos simbólicos de la puesta en escena, mejor si son los actores quienes encarnan en su interior esta lucha dramática, pero lejos de ello, vemos una apuesta donde actores más o menos correctos enuncian el conflicto, pero no viven la pregunta conflictual; como si la obra escrita fuese alfa y omega de su episteme y no aquello que deben descubrir y debe sorprendernos y conmovernos como espectadores. He aquí que el dogma textual, como cualquier dogma, si no es autocrítico, es destructivo para la creación artística.
¡Ah…! Qué deseos vanos de ver más repertorio moderno en nuestros teatros, qué ganas de que actores y directores de nuestro país transiten por estas líneas maestras de la historia de la literatura dramática. Sólo un conocimiento práctico, una experiencia real construye escuela, en materia de artes. Pienso constantemente en la necesidad de una compañía de teatro de arte que llegue a un lenguaje propio, partiendo de materiales necesarios que fueron escritos por las vanguardias y que no gratuitamente, alrededor del mundo, actores y directores de todo tipo ensayan y prueban en busca de una pregunta que les sirva para estar honestamente encima de las tablas.
La directora de esta puesta en escena está recientemente nombrada al mando del importante Teatro Nacional de Estrasburgo. Esto quizás nos haga pensar en apartar un poco el ego y replantearnos el aburguesamiento que Chéjov denuncia. Nuestro teatro ha de crecer sólo si entra en una profunda crisis.
- Cuando menos se habla, más libertad se otorga.
- Mis posibilidades así como mis dificultades son el material con el que cuento. En definitiva, el material con el que cuento, es lo que tengo que conocer: redescubrir mi cuerpo.
- Las necesidades deben convertirse en principios de instrumentación técnica.
- Si las actrices hiciesen cosas como estas, no existirían aquellas que dicen que “no ha nacido el director que les haya puesto a revolcarse”…
- La única manera de no estereotipar el comportamiento de los personajes es acceder al trabajo escénico por alguna vía no racional que permita conectar al inconsciente creador del actor con la poética del autor.
- ¿Y si hubiesen dos doctores? DORN1 y DORN2. Como si se tratase de un centro rural de atención médica que cuente con dos doctores y ambos dos disfruten de las reuniones familiares de SORIN?
- Hay dos doctores.
- Elementos de construcción externa: Calor (Entorno); Edad, actitud, voz (Realidad sensorial)
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1.16.2008
disclaimer cultural
He terminado de leer Un Placer Fugaz (Too Brief a Treat) de Truman Capote. Es la correspondencia, seleccionada y editada por Gerald Clarke, de toda la vida de Capote.En la dedicatoria, el editor pone: A Truman y Jack, que fueron auténticos a la luz del sol y en la sombra.
Es harto fácil sorprenderse con la insospechada personalidad de Truman Capote, sus miedos, sus desplantes, su sensibilidad. Sin embargo no es fácil creer que detrás de tan sólida prosa como la que se lee en The Grass Harp o In Cold Blood, esté un personajillo terriblemente débil que se precipitó a la muerte como se precipitaba a pueblos pobres de Italia o Grecia para aislarse y escribir -huir quizá del maquinal New York.
Ha sido hermoso también entrever la dulzura con la que Clarke ha elegido y editado esta hermosa historia de amor de Truman con Arvin, Dunphy y con nadie (o con todos los que le abandonaron, que es lo mismo).
Un libro que me ha dejado convulso y nostálgico. Lo recomiendo.

Ayer estuve en una representación de La Noche de los Tulipanes, dramaturgia y dirección de Jorge Mateus, un prolífico profesor de la Escuela de Teatro de la Universidad Central del Ecuador. Él fundó hace ya bastantes años su grupo de teatro El callejón del agua, y con él ha montado obras diversas, entre ellas, una versión muy bonita de Amor de Don Perlimplín con Belisa en su Jardín. Desde el año 2002 emprenden en una búsqueda de lenguaje propio que desemboca en este tríptico sobre la migración que se cierra con La Noche de los Tulipanes.
Me sorprende y con mucho, ver una propuesta tan ortodoxa sobre un pretendido tema actual. Es también muy incómodo ver a los actores en una falsa impostación de voces y actitudes desplazando vínculos y acciones de sus lugares de importancia y jerarquía técnica. Como si fuese muy o más importante el cómo se dice de el qué y a quién se dice.
Reflexiono por primera vez a los tres meses de llegar a Quito y ver una buena cantidad de Teatro: Malayerba, Ojo de Agua y El callejón de agua. Todo este teatro transita deambulante entre la preocupación y la ocupación por la forma. Una tarea harto triste para un teatro pobre y emergente (siempre emergente). Entonces digo que, frente al horror vacui del proceso teatral ecuatoriano, sin una compañía estable de teatro clásico, popular o contemporáneo; frente al desconocimiento y espaldas al repertorio contemporáneo de teatro -que ya no se pone en escena, que jamás se ha puesto-, surge la "gran respuesta" de la forma, intentando tapar con pretendida belleza el agujero de la verdad escénica. Una pena.
Por ultimo, mi amigo Javi, videoasta ecuatoriano residente en Barcelona, me ha recomendado un blog y en él una canción -la canción del vídeo.
Es quizás la acción más sensible de estos últimos días -salvando las lecturas de Capote- y me reconforto, un poco, entre mis sábanas. Afuera llueve.
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11.11.2007
Suerte de Cuchillos
o de cómo sobrevivir a la poética de Wilson Pico sin derramar lágrimas

Miradas cóncavas, manos que palpitan, en el centro: un hombre se las lava con agua invisible... y de repente, el gesto que se escapa, el retorno infinito, el dolor propio, el amor propio.
Wilson Pico crece en el escenario mientras mi corazón se achica. Lleva creciendo cuarenta años en las tablas de su pueblo y de los muchos lugares donde las ha abrillantado con sus danzas, de hecho, se está celebrando este mes el cuadragésimo aniversario de trabajo escénico con una importante retrospectiva de sus obras en solitario.
Hoy terminó con la maratónica semana de danza que miraba hacia atrás con ira, como diría John Osbourne. Piezas de solitario encuentro con el público, su público, que atestigua esa necesidad de escucha y al mismo tiempo es el target necesario donde clavar aquel aguijón rojo que son sus palabras, sus gestos, su vida en escena.
La mirada de Wilson Pico se repite incesante en su boca, en sus pasos. Alguien dice (en el documental retrospectivo que se vende en celebración de estos cuarenta años), que sus movimientos son palabras. Yo creo profundamente en la poesía de su trabajo, más allá de de las palabras, el acto poético se impone regio, rotundo, certero, cuando Wilson regresa a ver desafiante en un escenario.
Bien por él y su aniversario escénico.
Bien por toda la gente que puede verlo.
Bien por este lugar maravilloso del mundo, donde ha nacido y donde ha aprendido a ser como es.
9.03.2007
Teatro de las Aguas
Nunca pude hacer eso con ella porque el teatro se cerraba entre calamitosas sorpresas diarias que se alargaron alrededor de seis meses. Mi vida cambió, quedé fuera -estoy fuera, siempre lo he estado. Madrid se quedó sin un teatro y muchos de nosotros, como Esther, como yo y como muchos, muchísimos otros, nos quedamos sin espacio propio.
Ella dice ahora que no quiere hacer teatro si no es como hemos montado esta obra; que el teatro español le interesa tanto como a mí (es decir poco), que el cine español no ha escupido un realizador tan intenso como Ingmar Bergman (y tiene mucha razón), que la vida es muy difícil... Yo suscribo sus palabras, pero yo me voy.
El 29 de septiembre (la última función de esta micro temporada), cuando Esther esté actuando para algunos de vosotros -los que os hayáis motivado a ir-, yo estaré volando rumbo a Ecuador junto con Antonio, una vida en documental nos espera, una vida en común, proyectos, historias...
Ella se despide de él
por teléfono.
Él lo ha querido así.
Ella se despide:
"...No le busques tres pies al gato, es muy sencillo. La gente detesta que le abandonen, y poco a poco yo he abandonado a todo el mundo…………….. No quería perderme ni un instante de lo nuestro……….. Completamente igual. Pueden decir lo que quieran…. ……………………. Hay que ser justos. Nuestra situación es inexplicable para la gente………………. Para la gente……… Para la gente, o se ama o se detesta. Las rupturas son rupturas. No se paran a mirar. Nunca les harás comprender………… Nunca………. Nunca les harás comprender ciertas cosas…………………………………………………………. Lo mejor es hacer como yo y pasar………. Completamente (Suelta un grito de dolor sordo)..."
Todo esto no se hace sino gracias a Mónica Florensa, Hernán Gené, Pablo Ramos, Raquel Vidales, Antonio Calvo y Aday Cácerez. Esta obra está dedicada a todos ellos y con todos ellos.
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8.10.2007
TRANSGENDERQUEER

¿Y qué es ser esto? Es ser un no-ser. Es representar los límites de lo callado, lo negado, lo imposible. Afirmarse en una negación, es para estas mujeres y hombres, precisamente eso, no ser unas mujeres y hombres construidos a partir de un prototipo, ni tampoco arribar a un prototipo como un imperativo trágico. Sino precisamente caminar en la búsqueda de mi yo verdadero deteniéndome donde más seguro estoy, antes de caer en la vulgaridad y el espanto que la cirugía, el mercado y las religiones me asignan para mi fin; es negar el imperativo trágico y nombrarlo en predicativo, en dativo, en acusativo pero nunca en nominal. Es devolver como respuesta una gran pregunta.
Lo mejor del Festival Visible se vio en el Teatro Pradillo. Victor salió de un neutral kaftan negro para quedarse en un precioso vestido de seda negra y pedrería del mismo color; pintó su boca sobre el baouli que cubría su rostro; desenfundó el baouli que dejó a la vista una rapada cabeza de cantante calva adornada de largos pendientes de cuentas negras; calzose una peluca negra que parecía haberse hecho con su propio pelo y adornó su peinado con un postizo moño. Victor se puso a cantar un tema dulce y triste. Su voz, hora suave y aguda, hora ronca y joven, casi afirmaba odas las dudas que hasta ese momento nos brindó su vestimenta. Sólo casi, porque su alma sonaba con sus ojos, con tanta verdad, que era una vulgaridad preguntarse temas menores. Luego Victor, a la vez que la música callaba y una imagen de una cantante tunecina que se proyectaba en el fondo del escenario, dejaba de sonar, alzó su vestido por encima de sus rodillas, acuclillose y nos enseñó la entrepierna vestida de una andrógino culotte blanco, y de un impulso, pero suavemente se quitó el vestido por encima de sus hombros, llevándose la peluca en el arranque. Abbu tenía puesto, al rededor de su pecho, cuatro rollos de vendaje blanco (tiempo después decidimos que era otra metáfora, esta vez acerca de los cinturones bomba de los islamistas radicales). Cortó con una tijera la cinta negra y se liberaron sus tetas, a los que les había puesto un par de cruces hechas con cinta aislante, a modo de la estética leather tipo Fassbinder que tanto vende en Alemania o España. Vistiose con pantalón y camisa blanca, de varón; con mastik, pegó polvo de pelo en un dibujo vertical debajo de su labio inferior alargándolo por debajo del mentón, como una flecha que señalaba el ombligo y más abajo, en línea recta y puso una de las vendas enrolladas delante, en su culotte, para simular un buen paquete masculino. Luego seria y profunda, con fe, y como si hubiese aprendido desde muy niña, rezó hacia el público, convirtiéndonos en la piedra de la meca del espectáculo de la vida, de su vida. Al terminar, se acercó a la primera fila de espectadores y dijo varias veces -tocándose el corazón-, mientras se iba: Salam aleikum... Salam aleikum... Salam aleikum... Salam aleikum...
Cuando todo el público aplaudió feliz de entender que la función había concluido, Victor salió, vestido de Abbu y agradeció con la mano en el corazón: los aplausos y el arte de la mujer que, aunque insonora, no dejó de cantar durante todo el espectáculo, el el fondo del escenario de ese teatro madrileño.
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6.21.2007
Jesusa y Liliana
Dos hermosas conteniendo más y más seda que mirada;
manos que dibujan el espacio,
manos hijas de su pensamiento.
Esa cabeza loca Liliana y esas manos,
trenzados puños que amazan en Jesusa su pelo
y el pelo de todas las mujeres de América,
la chinganda,
la cabrona,
la bien mujer, la presente.
En la boca de Jesusa toda la fruta.
Y fruta de carne que yace trabajada
tostada
cocida
limpia
fruta morena risueña mojada en vino.
El vestido color vino que vestiste, Liliana,
ese día que te ví
golpeando el piano con fuerza
derramandote de cabaret
en Quito
una ciudadcita de curitas y monjitas
y revolucioncitas perdidas.

Liliana Felipe se casó con Jesusa Rodríguez porque la quería;
se casaron porque se querían,
pero también, porque no podían legalmente,
lo hicieron cuando ese acto era una deslegitimación del poder
usando el poder del amor para reunir a sus amigos,
tomarse unos tekilas
y celebrar la vida.
Jesusa se casó con Lilana porque entendía el sonido de su música,
porque la bailaba
porque cantaba sus canciones;
se casaron en un escenario compartido
y gestaron juntas un proyecto
que fue el comienzo de muchos proyectos.
Piensa en la Felipe,
escucha su poesía
oye su música.
Ella trabajó para su musa, la Jesusa
y trabaja con ella, junto a ella
por otras mujeres
por todas las mujeres.
Conoce a las patronas de lo que fué El Hábito, apoya su arte, compra sus discos, y haz algo, YA, por lo que pasa a tu lado.
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4.19.2007
La Voz Humana
No vi el montaje de Vera, pero leyendo la versión que escribió Luis Antonio de Villena, llegué a la misma conclusión a la que llegué con la versión de Llovet, la que se hizo hace años para la actuación de Amparo Rivelles (¡!): Demasiadas palabras, y en caso de Villena, engoladas y bellas palabras.
Tengo la suerte de tener en casa a un poeta y traductor. Antonio, por su juventud y su franqueza ha tomado el texto de Cocteau y ha paladeado la poética del autor y en ello ha devuelto una versión que respeta la frialdad que dicho autor injerta en ese monólogo al teléfono. Palabras cortadas, cadenas de no-sintagmas, frases que a trompicones desatan lances románticos fuera de contexto, amor por hilo telefónico.
Voy a introducir a partir de hoy, fragmentos del diario de dirección para entregaros los ensayos. Me parece divertido y novedoso, espero que os enteréis de lo que ocurre dentro de la sala de ensayo, entre Esther, Cocteau y yo.
2.14.2007
La rabia de Chaplin
A 30 años de su muerte... "era sobre todo un hombre con un sentido profundamente arraigado del amor y del odio".
Invitado: Darío Fo
Sale en estos días «Charlie Chaplin, Opiniones de un Vagabundo»[1]. Vaya por delante que Charles Chaplin ha sido con certeza uno de los hombres del espectáculo, y en particular del cine, más importantes del siglo XX.

Lo que más me fastidia es el interminable rimero de crónicas de tipo patético, lírico o literario que se han escrito sobre él desde el mismo momento de su muerte.
Pescando en ese montón de comentarios, les propongo algunos: "El fondo judío de su arte y de su tristeza indudable, la naturaleza de su humor de doble y triple sentido, es poco accesible al público" (Montale). "Tenía en la sonrisa el llanto del mundo, y en las lágrimas de las cosas hacía bailar la alegría de la vida" (Giovanni Grazzini, en el Corriere della Sera). Y etiquetas hasta el hartazgo: "anarquista-lírico", "individualista-colectivo", "patético", "fantástico", "rebelde", "melancólico", "payaso de la esperanza", "grotesco", "existencialista".
Nadie, nadie, digo, habla nunca de su "rabia".
Chaplin era sobre todo un hombre con un sentido profundamente arraigado del amor y del odio.
Odiaba casi con ímpetu el mundo que tenía alrededor, el poder, la máquina del capital.
Odiaba el orden del Estado, con sus policías, sus jueces y sus cárceles. Odiaba el orden moral de aquella sociedad, el orden del beneficio comercial, bancario, industrial. El orden religioso con sus hipocresías, sus dogmas y sus falsas esperanzas. Y finalmente, odiaba el orden cultural de la burguesía y del capital, y el orden de sus falsos y a menudo infames mitos.
La Norteamérica convencional, instalada alrededor de los negocios, no le amaba, no le perdonaba sus simpatías comunistas, sus presuntos lazos con Rusia, su presunta falta de patriotismo debida al hecho de no haber querido nunca adoptar la ciudadanía norteamericana.
Creo que en muy pocas de las obras de cine y de teatro de los últimos setenta años se puede sentir de manera tan clara tanto odio como el expresado en « Tiempos Modernos » ante la lógica de la máquina que mortifica, humilla, aliena y asesina al hombre y a su humanidad.
Nadie mejor que Chaplin ha sabido desarrollar la crítica agresiva, llena de rabia, frente a la ideología de la máquina, y en particular, frente a los métodos de Taylor, es decir, los que explotan al hombre hasta en su gestualidad.
Del mismo modo ha atacado a toda la ideología del moralismo norteamericano, el de la "buena sociedad" que es infame en ciertas aspectos, pero que se resuelve siempre con el buen corazón y la buena voluntad de los humildes: se opuso, en suma, a todo el cine de Frank Capra.
Cuando usa el patetismo, Chaplin lo vierte siempre con gran crueldad. Basta recordar el desenlace en verdad cruel de las escenas de Chaplin en la «Calle del Miedo» , cuando distribuye la comida a los niños hambrientos y arroja el grano en torno como si hubiera muchas gallinas a las que dar de comer.
Incluso cuando entra en el juego de la felicidad, siempre lo resuelve en la huída de esta sociedad.
En la « Quimera del Oro » hay todavía más rabia. E insulto a la gran trampa del capital: "Tengan paciencia, sean buenos, todos podrán un día tener fortuna. La fortuna es la gran madre de esta sociedad que nos hace a todos iguales". Esa interminable caravana que se dirige hacia la "esperanza", hacia la riqueza, hacia el sueño.
La historia individual es en cambio la historia de cientos y cientos de angustias, de dificultades, de violencias sufridas, con lo que la historia norteamericana sale de esta película mucho más despiadadamente lastimada que de decenas de películas consideradas "históricas".
Y también en este caso, como siempre, Chaplin no partió de hechos imaginarios o literarios, sino de una realidad bien clara y, por lo tanto, nacida y crecida sobre las espaldas y sobre la piel de todos.
Como me hace notar Andreina Lombardi Bom, la traductora de este libro, nadie se preocupa de subrayar la rabia de Chaplin contra la sociedad (curiosamente, entre las entrevistas recogidas, no hay ninguna que aluda a «Tiempos Modernos» ), pero tampoco, y sobre todo, la rabia de la sociedad contra Chaplin, una sociedad ya exacerbada y exageradamente desconfiada de cualquier cosa que oliera a "diferente".
La mirada de Chaplin sobre la vida, sobre las relaciones entre los hombres, también sobre la economía y la política, era demasiado heterodoxa como para que la autocomplaciente Norteamérica de la posguerra no se resintiera; y el atacado respondió.
Y me permito, a mi vez, agregar que el cine todo de Chaplin recupera temas y modos que están en el origen del mundo de los payasos.
Los grandes payasos no han desarrollado jamás su arte como si tuviera el fin en sí mismo, es decir, como puro divertimento. Por ejemplo, el payaso fijo del teatro nace, en el siglo XIX, del personaje del operario destinado al trabajo de mantenimiento de jaulas y trapecios. O sea, el mozo de cuerda, "el eterno menor de edad": sobre él se yerque siempre amenazante la figura del director del circo, que lo trata como a un siervo, que no le permite beber, que no le deja acercarse a las bailarinas, que no le consiente amar. Es un desheredado, un inferior, hombre de carga sin siquiera derecho a gozar de la fantasía propia del circo.
Es un diferente. Y el juego que desarrolla es siempre el mismo, ya le obliguen a sustituir al hombre bala o a meterse en la jaula de los leones persuadido de que son de mentira y presto a hacer las cosas más inauditas con estos leones que cree ficticios. Esta es la clave de la violencia, del terror, del engaño, del verse obligado a ganarse la vida a cualquier costo.
Lo que importa no es ya vivir, sino sobrevivir.
Cuando luego el payaso se da cuenta de que los leones son de verdad y están famélicos, no tiene sino continuar su juego porque, fuera de la jaula y a modo de chantaje, está su mujer, están sus hijos (payasines, tal vez enanos), que piden de comer mientras el director grita: "¡Si no terminas el número y el público no se ríe, te echo sin darte un céntimo!".
Pero muchos han hecho intentos desesperados por presentar a Charlie Chaplin como un poeta aislado, y lo han descrito como "un pequeño judío individualista", como "un anarquista-lírico" que expresa un arte tan elevado, “de doble y triple sentido”, "que se vuelve un arte para pocos".
Lo describen como un diferente, pero también como un excelso, un genio descollante por encima de las “limitaciones” de una masa de iguales.
No saben ni quieren saber que los diferentes que personifica Charlot eran en Norteamérica, y lo siguen siendo, el 70 o el 80 por ciento de esa sociedad. El pequeño vagabundo representa al judío, al turco, al italiano, al irlandés, al español, por no hablar de los mestizos, los negros y los hispanos, a todos quienes se ven forzados a subir una cuesta erizada por las dificultades y los estorbos de la lengua, de los usos y de la expresión de una sociedad que los atenaza, los acoge, los repele, los explota, los manipula como objetos, los aplasta y los tira.
No olvidemos que con la oleada de los inmigrantes, de los diferentes, la sociedad norteamericana dobló su número (fenómeno nunca ocurrido en parte alguna del mundo: basta pensar que, sólo de Italia, partieron algo así como 8 millones de desesperados en poquísimos años; y así también en Grecia, en Turquía, en Francia, en España; por doquier).
Precisamente la llegada de estos diferentes, y de tanta gente obligada a dar el salto mortal para mantenerse con vida, fue el signo característico de una nueva sociedad cruel y monstruosa que, sin embargo, daba en el drama espacio a la esperanza.
Chaplin siempre se sintió el campeón de este pueblo de desechos, siempre quiso sentir su pulso: la prueba es que finalizado el primer montaje de cada película, lo proyectaba en público –público periférico y popular— para sentir los ritmos, verificar los tiempos, la aceptación o el rechazo de las pausas. Yo creo que Chaplin trabajaba con el público metido en la cámara. Chaplin siempre actuó como en el teatro, como si hubiera una platea que le marcara el ritmo.
Pero ahora hablemos de la decadencia: el problema de fondo es el discurso ideológico, la toma de posición del especialista. El ejemplo: Chaplin, que veinte años antes se preocupó por la guerra mundial, por el nazismo, las masacres, la violencia del poder en todas sus formas, no hizo lo propio en lo que respecta a Vietnam. Aun teniendo la posibilidad, los medios y la autoridad para intervenir. Como ignoró el problema de Palestina y las otras cuitas del mundo tras la guerra. Dejó de lado lo que había sido clave fundamental de su discurso, la crónica escurril de la realidad, y se arrellanó en otra dimensión, ciertamente más grata al poder.
Recordaré para terminar a una mujer calabresa, una campesina que, entrevistada por la televisión, dejó dicho:
"Charlot era un tipo capaz de hacernos llorar por cosas de las que normalmente nos reímos, y de hacernos reír con cosas que nos hacen llorar. Era uno que hablaba de nosotros, porque era uno de nosotros".
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[1] (Minimun Fax, 244 págs., 14 euros)
(Tomado desde Altercom -Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.)
11.16.2006
Palabras a propósito de Ficció, una historia que trata sobre la ausencia de palabras.

En España hay quien dice que el cine que hace Cesc Gay no es español sino catalán, en una directa puya a la creación del centro de la península; sin embargo, después de las formidables Krámpack y A la ciutat, el realizador, lejos de huir del tópico, dibuja una trasversal riesgosa incluyendo a Javier Cámara entre un elenco de excelentes actores catalanes, para lucir talento e identidad exocatalana y logra un filme único, donde lo poético es continente de una riquísima estela de contenidos, desde la propia micropolítica de las relaciones sociales intrapeninsulares hasta todo aquello que hay, pero de lo que no se habla entre dos personas, sean estas de donde sean.
Uno de los teóricos más importantes de arte del actor, Jorge Eines, dice que lo esencial siempre permanece mudo. Esto me hace pensar en Eduard Fernández y Montse Germán, los protagonistas, quienes juegan a un Chéjov pirenaico mientras intentan atrapar en la mirada todas la esferas posibles de la pasión en un par de cuerpos que accionan un continuo paisaje de signos. El guión, guiñando el ojo a la cuna del realismo clásico, desgrana momentos sutilísimos en la escena clímax, mientras Glinka atacado en el piano, se cose con cordel del corazón de quien mira la película. Mundos de lo intangible luchando entre fotogramas, Nick Cave o Debussy, dibujando en inextricables paisajes armónicos, silencios, palabras sueltas. La vida que es, para mujeres y hombres, cuando más intensa, más callada. El realismo bizarro de la contención renace en Ficció, multiplicado por secuencias memorables y –por cierto- que hacen memoria de otro cine que pasó. No se puede entender la narrativa de este filme, sin evitar traer a la memoria los juegos Geométricos de la perspectiva en Jean-Luc Godard; quien ve Ficció, recuerda permanentemente la profundidad Psicológica del francés en Vivre sa vie, y lo hace no sólo por el insospechado homenaje a la composición y puesta en escena que hace Cesc Gay de Godard, sino y fundamentalmente al extraordinario duelo Fernandez-Germán contra Anna Karina y Saddy Rebot en que se convierte la lectura comparada de los filmes.
Por otro lado, el problema filosófico de la distancia entre autor y creación (eje central de la trama), emerge continuamente desde la invención de la cuarta pared, imponiéndose en el séptimo arte por el especial desarrollo de su lenguaje y la ruptura de la relación sujeto/objeto al que serios discursos del postfeminismo someten cada acto creativo en la contemporaneidad fílmica y plástica.
Cuando un autor arremete con una deconstrucción en un ejercicio de creación se genera un loop fascinante al que está muy bien asistir. Cesc Gay habla en Ficció del proceso del creador cuando no tiene qué contar y utiliza sinceramente sus vivencias como materia prima de su narración; bueno, la película es -por suerte- bastante más que eso, pero por su propio nombre, este audiovisual pega el anclaje en estas preguntas. Lo demás son evanescencias de alta cinematografia y mucha sensibilidad sonora: dos secuencias para hacer historia en el cine y una relación actor-director que sólo he visto en grandes realizadores.
Todo esto me recuerda a que su apuesta es desde la plástica, militante con la poetica como arte mayor y canon de ejecución. Y cuando un arte es militante se puede convertir en espectáculo para minorías y ser tachado fácilmente de panfleto por la moda imperante, la basura audiovisual o el discurso de poder. Sin embargo, lejos de ofender, a Ficció le viene bien ser tildada de panfleto poético y convertir el sambenito en halago.
11.01.2006
variaciones sobre un tema de migraciones
Abro mis pulmones a la calle; abro y abro las mandíbulas que de abrirse se alzan en brazos obcecados y moléculas dispersas: pulmonías del alma que no suenan como si estuvieran en el vacío. La especulación del sonido se ha tragado mi voz y usted no me escucha desde allí, ¿ o era aquí?
-Hi ! ja, det er Vilma; ja, ja , oh det kan ikke være sant også. Det er
utenkelig det som skjedde ! men hundre femti mennesker (utendlansk) på
en båt . Er alle død? Jeg forstår det, alle er drukenet !sonene dere
?… oh uten barna deres?.
-no entiendo! no entiendo nada, en que hablo? en qué me hablan? no entendí, no pude entender el sueño voraz que me alimentó... con el que me alimentaste... de que huí... de que huyo todavía... no sé si para siempre.
II
dos frentes que se chocan son masas que se presienten acolchonadas por un mar de símbolos que nos contienen, que nos ahogan. las palabras retienen un impacto que ellas mismas han lanzado; las miradas agolpan el sueño frustrado de esas madres, de esos padres, de esos amigos que no son amigos. mis costumbres se acostumbran a olvidarse mientras las tuyas han echado raíces que absorben desde mi centro: has penetrado lentamente, cuerpo que te recibe, en brazos recios, que se insertan lentamente. vomito tu ingreso que se evacua en parir.
III
migro en la embestida, me has tocado y como un témpano de hielo floto en velocidad constante; esas olas tan pequeñas son dos metros de agua que labra mi dureza y en mi movimiento, que nace de ti, no sé si soy yo el que va contra el mar o es la ola la que me golpea inútilmente. ya calor emergente me derrito en río que despeja mi cintura, ya desemboco en el delta de mis piernas, cálida, dormida de amor, mientras te sueño, desde ayer...
cuando nos amamos.
IV
El Dios de la Familia reina en nuestras vidas. Es un Dios único, para un modelo único que vive en un planeta único de un universo único. Yo tengo una familia entre mis piernas, pero apenas se ve, somos únicos y no creemos en Dios.
V
He sentido el acero de tu sexo, dómino de vientos cirros, hombre que te vuelves sobre mi espalda y violas la historia que te hizo, he visto tus lágrimas.
Entre pelos, el hombre vulnerable ha aterrizado entre mis cosas.
9.01.2006
Voz Femenina II
8.11.2006
Voz Femenina I
5.12.2006
Nueva invitación
Etiquetas: Audiovisual, Bitácora, Películas, Teatro
3.09.2006
Indignos
Las pequeñas reputaciones del teatro de investigación son quizá las más complejas de desentrañar. Ésta es otra esfera de la que escapar o circunscribirse si el artista pretende exhibir su obra escénica; teatro alternativo o teatro experimental son pesados carteles que parecen dar forma a lo que ya de por sí es forma: las escénicas, las ideas, los deseos de gente que pone su mirada en algo y usa su cuerpo (voz) para devolvérnoslo.
INDIGNOS, de la compañía catalana Amaranto, es quizá, una de esas experiencias únicas donde aún dentro de un circuito que lucha por no ser un escaparate del sistema (sistema al que se critica en sus tablas), es una bofetada honesta, una incomodidad deliciosa puesta en una mujer barbuda que amarga con sus palabras de amor.
Indignos es una amputación de la inocencia, es como la propia operación de dicha amputación, una cirugía que no se olvida, pero ¿qué cirugía se olvida?
Indignos es una mujer en bolas.
Indignos es un hombre en bolas.
Indignos es un ser humano en bolas.
Indignos, gran elección, sólo están hasta el domingo 12 en Madrid, 21:00h, sala El Canto de la Cabra, Metro Chueca.
2.20.2006
mediometraje
Entregas y amor;
sólo puedo decir: gracias.
Prontamente anunciaré el lugar y la hora del primer visionado público...!
Etiquetas: Audiovisual, Bitácora, Películas, Teatro




















